Que lindo recordar hace unos años a La Capital de Honduras, boscosa, con un clima frio y donde se respiraba un poco de aire puro. Algo que ha quedado en la historia y en los recuerdos de aquellos que fuimos afortunados de conocerla así…

Por ahí dicen que los humanos somos más animales que los mismos animales, sin ofender a estas criaturas que también son víctimas nuestras.

Somos los máximos destructores de nuestra tierra, nuestra naturaleza, de la que nos servimos a diario hasta para respirar, pero es algo que no analizamos, aun viendo todo el desastre ambiental que hemos creado no solo en Tegucigalpa, sino en Honduras y el mundo.

Un cuento de todos los años en esta época, son los múltiples incendios forestales que ocurren en el poco bosque que nos queda, donde si bien es cierto, muchos no son ocasionados directamente por mano de hombre, al final por nuestro descuido, falta de prevención e ignorancia, terminamos siendo asesinos de esta fuente de vida.

Desde hace más de 12 horas en Tegucigalpa, las llamas están acabando con los bosques de sus alrededores, en zonas como El Hatillo, El Picacho y La Tigra, son más de 200 hectáreas que han quedado reducidas a cenizas.

Si esto fue provocado por alguna persona ¿Tendrá la conciencia tranquila? ¿Se dará cuenta de el gran daño que ha ocasionado?, a lo mejor no, porque como dije al principio, año con año, esto se sigue dando.

Por su parte el Gobierno de la República ha ofrecido una recompensa de 250 mil lempiras a quien brinde información de las causas o del responsable de ocasionar este siniestro a través de la Línea de Emergencia del 911.

¿Se imaginan una Honduras, sin bosques, sin agua y sin fauna? sería la muerte.

Lo único que nos resta es unirnos todos y tratar de restaurar y reforestar nuestros cerros, tal vez algún día logramos recuperar los bosques. Por medio de las redes sociales algunos ya han creado movimientos para ir hasta el lugar y poder sembrar árboles nuevamente.

Como cambiarían las cosas si en vez de quejarnos tanto por el cambio climático, mejor salimos y plantamos árboles.

Algo que si debemos tener claro es que, lo que hemos hecho a nuestros bosques no tiene nombre, ni precio.