A nuestras viejitas…

Las que se emocionaron desde el momento en que supieron que habían quedado embarazadas y nos llevaban en su vientre, quizá no se habían dado cuenta de todo lo que les esperaba a partir de ahí, no solo llevarnos 9 meses en su cuerpo, sino también todos los cambios que en su vida iban a tener.

Vómitos, dolores, patadas (aunque eso les emocionaba y no faltaba la típica frase de los papás diciendo que seríamos futbolistas), antojos y sin duda cambiar su figura por completo, fueron parte de los cambios que surgieron, solo por llevarnos en su vientre.

Fueron 9 meses emocionadas con el hecho de podernos ver y tenernos en sus brazos, olvidando el dolor que sentirían al momento de parirnos, eso vendría después, mientras tanto disfrutaban presumiendo la pancita donde estábamos muy cómodamente.

Llegó el momento de parir, algunas decidieron tenernos en casa con partera, como se acostumbraba más que todo en los pueblos, otras rápidamente acudieron al hospital y unas que no alcanzaron a llegar, tuvieron en el carro, taxi y hasta en la calle, no importa el lugar, lo que les preocupaba es que naciéramos bien y escuchar nuestro llanto al salir a este mundo,  donde sin duda serian nuestras protectoras a partir de ese momento.

Fueron pasando los días y de igual forma las complicaciones, desvelos por nuestras lloretas, cuando mordíamos sus pezones al momento de amamantarnos, cambiaron su maquillaje por el biberón, pañales, cremitas y polvos solo para que nosotros oliéramos bien, porque su prioridad éramos nosotros, los que reconocíamos sus cálidos brazos y nos sentíamos seguros cuando escuchábamos sus palabras aunque muchas veces sin entenderlas.

Les tocaba lavar pañales cuando nos hacíamos del “dos”, y si era en la cama, también les tocaba cambiar las cameras, pero nosotros vivíamos protegidos y confiados al saber que teníamos a esa señoras (en ese entonces quizá no tan señoras) que con sus súper poderes solucionaban todo.

Pasaron los años y ellas seguían haciendo maravillas, enseñándonos a hablar, caminar y muchas actividades más, demostrando que tenían más súper poderes de los esperados.

Nuestro primer día de kínder, quizá estaban más emocionadas ellas, nosotros ni sabíamos lo que nos esperaba, pero al dejarnos en el salón chillábamos nosotros y chillaban ellas aún más al dejarnos ahí donde no nos tendrían vigilados por esas horas, quizá regresaban a casa con un sinfín de pensamientos.

Tantas meriendas que tuvieron que hacer en el proceso de nuestra educación, tantas quebradas de cabeza que se dieron ayudándonos a hacer tareas, a veces parecíamos tener cerebro de pollo que nos costaba tanto entender las cosas, pero ahí estaba súper mamá para aguantarnos hasta que lográramos entender.

¿Cuantas veces nos encargaron hacer un mandado?, quizá nuestra respuesta era “solo a mí me manda”, “pucha que me molesta”, pero aunque sea con una chancleta en el “lomo” ahí íbamos, dispuestos a cumplir la orden que súper mamá había dado.

Cada vez que nos enfermamos, ahí estaba otra vez, con el poder de saber que necesitábamos, el medicamento indicado con una buena dosis de amor era la solución para eso, súper mama y su poder eran letales.

En la adolescencia cuando ya nos comenzaba a gustar alguien, ella tenían el poder de notar en nosotros cuando eso pasaba y estaba lista con sus tan sabios consejos sobre que o quien nos convenía y que no, pero nosotros muchas veces pensábamos que estaban equivocadas y que ellas no podía elegir quien nos gustaría, ¡Ay que rebeldías!

Es la que siempre nos sacó de apuros cuando algo nos pasaba y nos sabíamos que hacer, tenía la solución y si no la tenía, la buscaba, pero nunca nos dejó solos, aunque esas cosas que nos pasaron fueron simple respuesta a nuestros actos, no escatimaban motivos y nos brindaban su mano para salir adelante.

Cada grito, cada fajazo y regaño, aunque en aquel entonces lo mirábamos de mala forma, quizá es lo que hizo que llegáramos donde estamos, basta cerrar los ojos y vagar por los recuerdos de cada vez que nos portábamos mal y ahí también estaba el súper poder de corregirnos, tantas formas en las que nos castigaban, pero todas tenían el propósito de formarnos como hombres y mujeres de bien.

Como dice la canción de Ricardo Arjona, “Mi novia se me está poniendo vieja y yo que me empezaba a enamorar, del peso de las cosas que aconseja, de su don universal de perdonar”, porque siempre tienen un consejo para cada situación, y quizá tanto problema que les damos desde pequeños es lo que las hace envejecer más rápido, pero ahí está súper mamá, para perdonarnos cada vez que le fallamos.

Aun jóvenes y adultos, las madres nos siguen viendo como pequeños, pasan pendientes de nosotros, de saber si estamos bien, de que cosas necesitamos y siguen siendo esa súper mamá protectora.
Tienen tantos poderes que nos demuestran a lo largo de nuestra vida, pero hay uno que a Dios se le olvido dárselos, y es el de ser eternas en esta vida.

¿Se imaginan el día en que súper mamá falte?, muchos creemos que nuestra vida también acaba ahí, o que jamás volverán a ser la misma, de hecho sí, porque se nos va ese ser maravilloso que a lo largo de nuestra vida nos ha demostrado el verdadero significado del amor, sin importar que tan buenos o malos hijos seamos, nos escatiman su amor hacia nosotros.

Quizá algunos ya no la tienen con vida, y en un día como hoy los recuerdos abundan, las lágrimas salen de repente y el sentimiento de estar incompleto invade su cuerpo, solo basta recordar cada enseñanza que salió de la boca de esa viejita, cada abrazo que dio desde lo más profundo de su ser y cada te amo que dijo con la mayor sinceridad.

Las madres sin duda son de los tesoros más preciosos que Dios nos ha dado, si la tienes cerca, ve y abrázala, dile cuanto la amas, pídele perdón por cada vez que le has fallado, porque no sabes si es el último día de las madres que pasaras a su lado y luego solo los recuerdos quedan.

Y no solo en un día como hoy, ya que ellas cumplen con su papel de madre todos los días de su vida, se merecen que reconozcamos eso cada vez, que les demostremos que tan importantes son para nuestra vida, no importa si no tenemos algo material que darles, el amor no se demuestra solo de esa forma, con un simple “mamá te amo”, estoy seguro que inundamos su corazón y eso lo llevan en sus recuerdos para siempre.

No esperemos que estén en una tumba, para ir a visitarlas, para llevarles flores o pedirles perdón, si tenemos la oportunidad de hacerlo hoy, ¡hagámoslo! y regresemos un poco de tanto que nos han dado.

Por eso hoy en el Día de la Madre, demos gracias a la súper mamá, por todo lo que nos dio, nos da y nos seguirá dando, y si ya no la tenemos en vida, seguramente desde el cielo nos sigue cuidando y sonriendo cada vez que nos mira triunfar.
¡GRACIAS SUPER MAMÁ!